El primer paso para
potenciar mi inteligencia emocional es identificar todo lo que me desgasta y planificar cómo reducir este
déficit emocional y así poder establecer metas más saludables y acordes con la
vida, con mi vida.
Una crisis es un
momento de posibilidad, de balance, de oportunidad. Con realismo y sin miedo podemos viajar al interior de nosotros mismos
y aprender a escuchar todo lo que nuestro cuerpo, ese gran sabio que está siempre
con nosotros y nos acompaña, quiere y puede decirnos.
1. Anotar y registrar cada hecho que me desgata y/o
desequilibra.
Con sencillez,
realismo y sin morbosidad. Una lista, con datos, hechos y acontecimientos.
2. Clasificar estos desgates.
Intenta ahora identificar
y jerarquizar cada uno. Distingue entre los desgastes inamovibles, los
variables y los innecesarios.
- Desgastes inamovibles: los que trae la propia vida, edad, salud, clima, horario....
- Degastes variables: producidos por el trabajo o las actividades que realizamos. Aquí algo podremos hacer, quizá reorganizar tiempos, priorizar mejor…
- Desgastes innecesarios: estos pueden reducirse, aplazarse o eliminarse. Tiene más que ver con nuestra forma de gestionar los dos anteriores.
“Señor,
dame la serenidad para aceptar
as cosas que no puedo cambiar,
valor
para cambiar las cosas que puedo y
sabiduría para poder diferenciarlas;
viviendo
un día a la vez,
disfrutando un momento a la vez;
aceptando
las adversidades
como un camino hacia la paz”
(Reinhold Niebuhr)
3. Iniciar un plan de equilibrio personal.
Puede estar lleno de
las cosas más interesantes, sencillas y bellas que te gustan: nadar, caminar,
leer, escuchar música, escribir, charlar distendidamente, pasear, coser,
contemplar las estrellas, tomar un refresco, caminar por la playa… y a poder
ser, con una dosis amplia de sentido del humor.
4. Marcar objetivos concretos, conseguibles, claros,
sencillos, a corto plazo.
5. Olvidar hacer de la noche día.
Debe evitarse, en la
medida de lo posible, trabajar más de 10 horas diarias. Una posibilidad sería:
8 horas para descansar, 10 horas para trabajar y 6 horas para comer, leer,
lavar, orar, caminar...
6. Revisar los resultados y, si es necesario,
potenciar lo que te enriquece y llena de alegría de vivir.
7. Mantener la constancia, pensar a largo plazo.
Al acometer una
iniciativa así, hay que tener en cuenta
que de nada servirá todo el esfuerzo, si no se mantiene la constancia y
se persevera en el mantenimiento de los nuevos hábitos; la paciencia será ahora
el don más importante, pues se está un proceso que necesita de tiempo y así poder
afrontar el futuro con mayor seguridad y estabilidad… alegría y esperanza.
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