Hace 43 años...
Swigert, Lovell y Haise, los tres tripulantes del «Apolo XIII» |
El sábado 11 de abril de 1970 la misión denominada Apolo XIII (Apollo 13) despegó del Centro Espacial Kennedy a las 19:13 UTC. La misión tenía como objetivo llevar a la superficie lunar a dos seres humanos, que serían el quinto y sexto de la historia en lograr ese hito, alunizando en la región Fra Mauro. A los cinco minutos de vuelo, los astronautas notaron una vibración. Una explosión de los tanques de oxígeno a bordo de la nave obligó a la tripulación a abortar la misión y orbitar alrededor de la Luna sin poder lograr su cometido. Leer más...
Filtro
creado por los ingenieros de la NASA
utilizando desechos de bolsas de
plástico, cartones y cinta adhesiva
para controlar la contaminación por
CO2
Esta fue la frase proferida por el astronauta Jack Swigert, durante el accidentado viaje que debía llevar al «Apolo XIII» y sus tres tripulantes sobre la superficie de la Luna. Momentos de enorme tensión, miedo y caos que hicieron al mundo entero fijar su mirada en lo que pasaba allí arriba, en las estrellas, después de que la «voz helada y profesional» del astronauta retumbara en el Centro Espacial de Houston: «¡Tenemos un problema aquí!».
Lo tenían y muy serio. Un fallo eléctrico, producido tras
haber escuchado una explosión en el módulo de mando de la nave
tripulada por Jim Lovell, Fred Haise y
el mismo Swigert, obligó a suspender, repentinamente, el alunizaje en
pleno vuelo, previsto para el 16 de abril de 1970. «Un tenso dramatismo
preside las operaciones de regreso y recuperación de los astronautas en
el Centro Espacial de Houston –podía leerse en la portada de ABC–,
tensión que comparte todo el mundo, expectante y doloridamente
sorprendido».
No era para menos. Los científicos del Centro Espacial
creyeron en un primer momento que un meteorito había chocado contra el
aparato, a más de 200.000 millas de distancia de «casa», paralizando su
electricidad, sus tanques de oxígeno y sus comunicaciones, «cortando los
cordones umbilicales con su Tierra y su atmósfera».
«Lovell, Haise y Swigert, con el oxígeno limitado, a
oscuras y con las comunicaciones restringidas para ahorrar energía,
mantienen muy alta su moral», se puntualizaba.
Sin embargo, la tensión alcanzada en la Tierra por la
crítica situación de aquellos viajeros espaciales era enorme. El mundo
entero miraba a la Luna ante una posible tragedia espacial. El
presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, viajaba de urgencia al
Centro de Vuelos Espaciales de Goddard para seguir al minuto los
intentos de rescate. En el Capitolio, el Senado aprobaba unánimemente
una resolución pidiendo que el país dirigiera, «sin distinción de
religiones, una plegaria a los cielos para el feliz retorno de los
astronautas», contaba el corresponsal en Estados Unidos.
Christopher Kraft, ingeniero de la NASA,
declaró la situación de aquellos tres hombres como «la más seria
conocida en vuelos tripulados». «Si podemos hacerles volver a la Tierra
–agregaba– no puede decirse que la misión haya sido un fracaso».
Houston ordenó que dos de los tripulantes se refugiaran
en el módulo lunar, dejando a un hombre solo en la cabina de mando para
conducir el vehículo, «con la posible precisión, guiándose en las
estrellas; manteniéndolo aprovisionado del oxígeno generado por el
módulo lunar, para dar una única vuelta a la Luna y lanzarse a la
Tierra».
¿Cuál fue el fallo?
ABC daba otras posibles hipótesis del fallo:
«las emanaciones de protones lanzadas a los espacios por el Sol en
periodos de su mayor actividad energética» o algún fallo interno en las
mismas instalaciones, «siempre posible, pero escasamente probable por el
coeficiente de fiabilidad, que llega al 99%».
El 1% restante, sin embargo, se salió con la suya. Tras
una larga investigación, un comité identificó la causa de la explosión:
en 1965, el módulo de comando había sufrido varias modificaciones para
elevar el voltaje permitido en los calefactores de los tanques de
oxígeno, pero los termostatos interruptores no fueron modificados para
adaptarse a dicho aumento del voltaje, por lo que las altas temperaturas
(500 °C) que soportaron en este viaje, provocaron un cortocircuito.
«Sanos y salvos»
El 18 de abril de 1970 la portada de ABC rezaba un inmenso «Sanos y salvos».
Efectivamente, la «soberbia operación» de regreso y rescate de los
tripulantes del «Apolo XIII», sacó a Estados Unidos, según el
corresponsal, «de una sombría pesadilla de cuatro días y lo ha devuelto a
la confianza en sus ingenieros, técnicos, astronautas, máquinas y
programas para la conquista del espacio».
«Ha sido la jornada más excitante de mi vida», dijo Nixon antes de condecorar a los tres astronautas.
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